Las primeras catedrales

Las primeras catedrales no fueron usadas solo para la liturgia. Los obispos con experiencia permitían que los gremios y otras corporaciones de laicos se reunieron en ellas. Eran tantos los nativos que habían participado en la construcción de la catedral de su localidad que todos conocían el edificio bastante bien.

En Chartres, cada corporación quería su propia vidriera de colores. El hecho de que las catedrales lograran atraer a los ciudadanos como nunca habían conseguido hacerlo los monasterios -situados en el campo, fuera de las ciudades– les permitió convertirse también en escuelas.

El área cercana a las catedrales se conoce normalmente como el claustro, aunque será de un espacio abierto, y fue allí donde empezaron a los alumnos junto a los artistas y artesanos. Además, las escuelas de los obispos eran diferentes de las monásticas, pues al estar en las ciudades eran más abiertas más de este mundo, y la formación que ofrecían refleja este hecho. Mientras en los monasterios la instrucción era una cuestión de pares un monje joven acompañaba a uno de mayor edad en las escuelas catedralicias bastante diferente estudian- tes formaban un grupo que se sentaba a los pies del maestro.

En un principio, la mayoría de los alumnos eran todavía clérigos para los que el aprendizaje era especialmente un acto religioso. Pero vivían en la ciudad, rodeados de laicos, y al final su trabajo sería de tipo pastoral, junto a las personas, no ya renunciando al mundo en un monasterio

En semejante ambiente, las palabras viajaban con mucha más rapidez de lo que lo hacían en la época de los monasterios, y los aspirantes a clérigos o a eruditos se enteraban enseguida de quiénes eran los maestros más inteligentes, cuales había publicado más libros y en qué escuelas el debate era más animado.

Cuando los contemporáneos mencionan escuelas con doctrinas características, por lo general se refieren a un maestro de renombre. Por ejemplo, los emeludinenses deben su nombre a Roberto de Melun, mientras que los «porretani» eran los discípulos de Gilberto En este sentido, las escuelas que ofrecían las mejores oportunidades eran, en primer lugar, la de Laon, luego la de Chartres y después la de París.

Originalmente la palabra schola aplicaba a todas las personas de un monasterio o catedral que formaban parte del coro. Lo que ocurrió en el siglo XII fue que el número de estudiantes aumentó con rapidez y con creces el del que era necesario para ocuparse de una iglesia.

 

 

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